Seguros – José Teobaldo Rojas

Prepararnos para enfrentar los daños que causan ciertos acontecimientos tiene sus ventajas. Eso incluye los accidentes, las enfermedades, los robos, los desastres naturales y la muerte.

Todos sabemos que nadie está exento de sufrir a causa de ellos. Ni tampoco es un secreto que dichos sucesos provocan daños económicos y materiales.

Entonces, ¿a qué se debe que, en ocasiones, no hagamos nada para minimizar sus consecuencias?

En algunos casos, la inacción se debe a razones económicas, creencias o descuido. Pero ¿por qué actuar antes de que suceda lo inesperado?

PREVENIR O LAMENTAR

Es más costoso y complicado enfrentar un suceso funesto valiéndonos de nuestros recursos que a través de una póliza de seguros.

Según el ramo, cada seguro está diseñado para atender las consecuencias que provoca un siniestro.

Pongamos como ejemplo un deceso. La muerte de alguien implica gestionar el traslado, preparar el cadáver, tramitar la documentación e incinerar o enterrar el cuerpo.

Y si la muerte ocurre fuera del país de residencia, repatriar un cadáver es costoso y engorroso.

Por su parte, los sobrevivientes deben gestionar el duelo, lo que en algunos casos requiere apoyo psicológico durante cierto tiempo.

En cada caso, encargarse de todo a la vez es abrumador. De modo que disponer de un producto que nos respalde en momentos difíciles facilita las cosas.

Dependiendo de la edad del asegurado, los seguros de decesos son económicos y financiables. Y comparado con el costo de un sepelio, el precio es irrisorio.

Distinta es la situación de las personas mayores quienes, a partir de cierta edad, tendrán que pagar de contado primas elevadas.

Sin embargo, aún así, algunos contratan para tener todo listo cuando llegue el momento de partir y simplificar la gestión de sus familiares.

El dinero es un medio para adquirir cosas y facilitarnos la vida. Si disponemos de él, ¿por qué no disfrutarlo ahora y usar una parte para prepararnos para el futuro?

Lo mismo ocurre con los seguros de vida. Se paga tan poco por ellos, y aportan tantas ventajas a los asegurados y beneficiarios, que cuando se compara el coste versus los beneficios, lo segundo gana por goleada.

El TELÓN SE SUBE Y SE BAJA 

Al igual que ocurre en una obra teatral, los sucesos mundiales y las circunstancias personales de cada uno cambian constantemente.

Nadie tiene control del mañana. Por ello, la mejor forma de afrontar lo imprevisible es prepararnos con antelación y hacer cuanto podamos para reducir el impacto de cualquier suceso imprevisto.